lunes, 10 de diciembre de 2018



NOTA DE OPINIÓN

Por: Montiel, Ana Maribel

           Se cierra un nuevo año, cargado de emociones encontradas para el hincha de La Gloria. Por una parte, las alegrías de una campaña histórica en una disciplina en franco crecimiento como el básquet; también la emoción y orgullo del centenario, que quedó demostrado en la caravana masiva del 8 de agosto, donde los hinchas coparon el monumental, no por un partido, sino solo para verse  a la cara todos juntos y celebrar.
Por otro lado, están esas otras emociones, las que siguen taladrando desde hace más de una década; frustración, decepción, bronca, amargura, y una necesidad irrefrenable de encontrar alguna explicación que de sentido al porque se sigue cayendo en los mismos errores de siempre.
Nos enojamos entre nosotros, con los dirigentes, con los jugadores, discutimos por las redes, y buscamos UNA solución mágica, que sirva para cambiar las cosas, un nombre salvador. Y al final del año, nos damos cuenta que esa solución no existe, es una utopía de creer que en un campeonato se pueden revertir años de desmanejo.
Hemos oscilado entre traer de 10 a 15 refuerzos, a no traer ninguno y jugar con “los propios”… ninguna de las dos cosas funcionaron. Aceptamos que trajeran recuerdos del pasado creyendo que se repetiría la historia, y solo trajeron  un nombre, con protagonistas muy distintos, y nuevamente Instituto perdió.
Entre todos estos vaivenes, hemos visto desfilar técnicos y jugadores, que terminan por tener éxito una vez que se van de acá. Y nos quedamos preguntando porqué siempre pasa eso. Porqué acá son sombras arrastrándose en Alta Córdoba, para ser luego protagonistas en otros clubes. También vemos juveniles que no llegaron a primera, brillar en otros clubes, y celebramos ser la cantera del mundo (aunque no nos haya quedado nada).
Vamos y venimos entre refuerzos y pibes (que ya no son tan “pibes”), y cada año, y a cada técnico que llega se le entrega la llave del club para que sea dueño y señor del futbol de La Gloria. No hay parámetros preestablecidos, ni discusiones. Cada técnico llega con sus refuerzos y se va con sus refuerzos. En el medio, Instituto.
No hay proyectos ni a largo ni a mediano plazo. No se piensa más allá de la mitad de cada campeonato, y vivimos a merced de técnicos, y hábiles representantes. Se suben chicos de las inferiores, se les da uno o dos partidos, se los vuelve a su categoría o se los vende, o bien un día simplemente se van.
Quizás erramos cuando creemos que la solución va a venir mágicamente en un nombre de “chapa”, o de la mano de alguien que “sienta la camiseta”. El futbol se alejó del romanticismo desde hace mucho, y solo yace en el corazón del hincha.  El punto es que 14 años no se revierten en 6 meses, al menos no con la economía que maneja Instituto. Pero se sigue sin plantear proyectos realistas, prolijos y serios. Sigue sin haber UNA voz de mando; UNA sola, no una por cada técnico o “referente” que hace y deshace a su gusto y placer.
No hay que ser simplistas: jugar todo con juveniles o jugar todo con refuerzos (ni tan calvo, ni con dos pelucas). Tienen que jugar los que mejor estén; no los que mejor representante tengan. Se tiene que mantener a los jugadores que rindan, sean o no propios, y descartar aquellos que no (también sean o no propios). Por eso no se le puede seguir dando la autoridad absoluta a cada técnico que llega. Sea quien sea.
Mientras tanto, mientras buscamos soluciones mágicas afuera, las inferiores se consagran campeones, lo propio hace la local en la liga cordobesa, y pareciera que esta vez todos aceptamos que no miren hacia abajo. Queremos el techo, pero no tenemos cimientos, y al final de cada año, terminamos con el techo en la cabeza.
Dejemos de buscar soluciones mágicas, dejemos de creer en nombres salvadores, y en milagros que no ocurren. Dejemos de culpar al hincha que no es socio, al socio que no está al día, al socio que esta al día pero no va a la asamblea, al que va a la asamblea y vota tal o cual cosa. Las soluciones que necesita Instituto, desgraciadamente, no están en manos del hincha. No es el hincha quien negocia contratos, ni quien viaja y debe meterse en un vestuario a demostrar quién manda. Pero si es el hincha el que debe exigir que eso suceda.
Se cierra otro año con ese sinsabor, y esa sensación inexplicable que hasta nos ha hecho creer en maldiciones y fenómenos paranormales como culpables de nuestra realidad. Instituto es una hoja en el viento, a merced de hábiles representantes y lobbistas, que años tras año sacan ventaja de la orfandad de nuestro club. Si no entendemos que sin un proyecto a largo plazo, serio y responsable, no vamos a salir más de acá, el año que viene nos encontraremos escribiendo similares líneas a estas.

4 comentarios:

  1. yo me pregunto como hacen godoy cruz!!! def y justicia!!!! atletico!!!! san martin(tucumán y san juan) tienen proyectos!!! y desarman y arman equipos cada temporada. NO ENTIENDO ACÁ QUE PASA!!!

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    1. Es que ahi esta el tema carlos, fijate que no es tan asi. Mantienen una base minima. Mira Godoy Cruz con el Morro garcia (solo por dar un ejemplo) hace cuanto que lo tienen? Tienen una linea armada, y la mantienen (mas alla de si los jugadores sean o no propios). Aca llegan y se van, todo el tiempo es asi.

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  2. el comentario de arriba es mio carlitos montagner

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  3. Excelentes palabras, Tana.

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